RINCÓN INFANTIL

Los niños y adolescentes e Internet

Por: American Academy of Child and Adolescent Psychiatry

Fuente: Enplenitud.com

A través del "modem" de la computadora y de una línea de teléfono, los niños y adolescentes tienen acceso a una cantidad infinita de información y tienen oportunidad para la interacción. Sin embargo, puede haber riesgos reales y peligros para el niño que no tiene supervisión. La mayor parte de los servicios de conexión les proporcionan a los niños recursos tales como enciclopedias, noticieros, acceso a bibliotecas y otros materiales de valor. Ellos pueden usar la computadora para comunicarse con sus amigos y para jugar. La capacidad de ir de un lado a otro con un solo "click" de la computadora le atrae a la impulsividad, la curiosidad y a la necesidad de gratificación inmediata o realimentación que tiene el niño.

La mayoría de los padres advierten a sus hijos que no deben de hablar con personas extrañas, o abrirle la puerta a un desconocido si están solos en la casa y que no deben darle ninguna información a cualquiera que llame por teléfono. La mayoría de los padres también controlan dónde van a jugar sus hijos, cuáles programas de televisión deben de ver y los libros y revistas que ellos leen. Sin embargo, muchos padres no se dan cuenta de que el mismo nivel de supervisión y orientación se debe de proveer para el uso de las conexiones online.

Los padres no deben de suponer que los servicios de conexión en línea protegerán y supervisarán a los niños. La mayor parte de las "salas de conversación" (chat rooms) o los "grupos de noticias" (news groups) no están supervisados. Dado que los nicknames o seudónimos son completamente anónimos, los niños no pueden saber si están "hablando" con otro niño o con alguna persona pervertida que aparenta ser un niño o adolescente. Contrario a las personas que vienen a la casa o a las cartas que vienen por correo, los padres no pueden ver a las personas que conversan en las "salas de conversación", o leer los mensajes que vienen por "correo electrónico" (e-mail). Desgraciadamente, puede haber consecuencias serias para los niños si son persuadidos de que den información personal (por ejemplo, nombre, teléfono, dirección, contraseña) o si se han puesto de acuerdo con alguien para conocerlo en persona.

Otros riesgos y problemas incluyen:

Fácil acceso para los niños a áreas que no son apropiadas, Información "en línea" que fomenta el odio, la violencia y la pornografía, Anuncios clasificados intensivos que engañan y bombardean al niño con ideas nocivas, Invitación para que los niños se inscriban para ganar premios o se unan a un club que requiera proveer información personal o del hogar a fuentes desconocidas, y El tiempo que se pasa frente a la computadora es tiempo perdido para el desarrollo de las destrezas sociales.


Para ayudar a los niños a tener experiencias "online" seguras y educativas, los padres deben:

Limitar el tiempo que pasan los hijos "online" y "navegando" en el Internet.
Enseñarle a los niños que hablarle a los "nombres de pantalla" en una "sala de conversación" es lo mismo que hablarle a desconocidos o a extraños.
Enseñarle al niño que nunca debe darle información personal que lo identifique a otra persona o "sitio" en el Internet.
Nunca darle al niño el número de su tarjeta de crédito o cualquier otra contraseña que se pueda usar para comprar cosas en línea o para tener acceso a servicios o "sitios" (website) inapropiados.
Enseñarle al niño que nunca se debe de ir a conocer en persona a alguien a quien conoció en línea.
Recordarle que no todo lo que ve o lee "en línea" es verdadero.
Usar las modalidades de control que su servicio de conexión en línea le ofrece a los padres, y obtener uno de los programas comercialmente disponibles que permiten que los padres limiten el acceso a las salas de conversación, los grupos de noticias y otros sitios no apropiados.
Proveerle una dirección, "e-mail", sólo si su hijo es lo suficientemente maduro para controlarla; supervisar periódicamente los mensajes que manda y recibe y planificar su actividad "en línea".
Enseñarle al niño a que use la misma cortesía que usa al hablar de persona a persona para comunicarse en línea; que no use malas palabras, lenguaje vulgar o profano, etc.
Insistir en que el niño obedezca las mismas reglas cuando use otras computadoras a las que tenga acceso como, en la escuela, biblioteca, o en casa de sus amigos.
Los padres deben de tener presente que las comunicaciones "en línea" no prepararán al niño para las relaciones interpersonales reales. Si usted inicialmente dedica tiempo para ayudar al niño a explorar los servicios de conexión y si participa periódicamente con él mientras usa el Internet tendrá la oportunidad de supervisar y encaminar el uso que hace su hijo de la computadora. Además, ambos tendrán la oportunidad de aprender juntos.


¡Ayúdale a vencer sus miedos!

Fuente: Mujer Futura

Junto a la curiosidad y las ganas de explorar el mundo que muestra el bebé, es habitual que aparezcan algunos miedos innatos, propios de cada edad, y también miedos aprendidos o condicionados. ¿Cómo puedes ayudar a tu hijo a combatir sus temores? Es importante distinguir esos miedos, descubrir sus causas y encontrar estrategias efectivas para afrontarlos.
A continuación te sugerimos algunos consejos:

Durante el primer año los niños suelen ser muy sensibles a los cambios en el ambiente y en las costumbres familiares. Además de llorar angustiado, el bebé puede manifestar su miedo con problemas al dormir o rechazo del alimento. Para evitar en lo posible estos temores es aconsejable que mantengas unas rutinas estables, procurar que su cuna no esté cercana a fuentes de ruidos intensos, y en general tratar de no exponer al niño a estímulos exagerados.

También puede ocurrir que en los primeros baños, el bebé haya tenido una experiencia desagradable como la sensación de picor al entrarle jabón a los ojos, una temperatura del agua inadecuada, etc… Si observas que se angustia en el momento de bañarlo, intenta que vaya asociando este momento con sensaciones agradables, por ejemplo, acariciándole con una esponja suave y tibia, colocando sus juguetes preferidos en la bañera y cuidando la temperatura ambiente para que en ningún momento sienta frío.

Otro temor frecuente alrededor de los siete meses es el miedo a los extraños, la angustia frente a personas que no son habituales en su círculo cotidiano. Lo más eficaz es permitir que algún amigo o familiar que esté de visita, lo tome en brazos, mientras tú estás presente y visible para el niño, de manera que vaya teniendo más confianza y no relacione esos momentos con los de separación de los padres, ya que justamente ese miedo es también propio de la mima edad. Es recomendable que el niño tenga varias personas de confianza con las que haya creado vínculos afectivos y eso puede conseguirse dejándole al cuidado de unas mismas personas. Si el bebé siente miedo a quedarse sólo en la cuna, empieza acudiendo siempre que llore, y continúa hablándole desde otra habitación cuando le oigas inquietarse.

Alrededor de los dos años es frecuente que aparezca el miedo a la oscuridad. Puedes ayudarle a evitarlo colocando una luz indirecta que puedas dejar encendida durante la noche, no cierres del todo la puerta de su habitación para que se sienta acompañado con los ruidos habituales de la casa, e nstaura rutinas tranquilizadoras para el momento de ir a dormir, como cuentos, beso de buenas noches, etc…

Y como cautela básica, es importante que los padres no se muestren angustiados delante del niño o reacciones exageradamente, pues el pequeño quedará impregnado de esa tónica de conducta temerosa. Es importante enseñarles con el ejemplo a ser prudentes y precavidos, pero también confiados y espontáneos. Crecer y aprender son retos que requieren una porción generosa de coraje.


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Cuándo un niño debe o no, acudir a la escuela

Por: María Elena Moura

Fuente: Salud y Medicinas.com

La mayoría de los padres de familia dudan sobre la conveniencia de que sus hijos asistan a la escuela cuando presentan síntomas o enfermedades como gripe, fiebre, diarrea o dolor de cabeza. A continuación una guía de los padecimientos más comunes por los cuales una niña o niño debe faltar a clases y durante cuánto tiempo.

Al prepararse para el regreso a clases, padres e hijos han sido cuidadosos y precavidos en cuanto a la elección de útiles, calzado y uniformes, además de que probablemente han acudido al pediatra para una revisión general del estado de salud del pequeño y administrar vacunas, a fin de que el aprovechamiento escolar no sufra tropezón alguno.

Sin embargo, y a pesar de los cuidados que se tengan, los pequeños siempre están expuestos a sufrir alguna enfermedad que puede afectar su aprendizaje durante algunos días e interrumpir su continuidad como alumnos. Por ello, es importante que los padres conozcan cuáles son estas patologías, así como el tiempo necesario de ausentismo para que el niño se recupere adecuadamente y para prevenir el contagio a sus compañeros.

Cabe señalar que es muy conveniente que los padres consulten al pediatra cuando el niño no se sienta bien y presente síntomas que pongan en evidencia alguna enfermedad de consideración que afecte su concentración, capacidad de aprendizaje y movimiento, es decir, su rendimiento escolar; hablamos de fiebre, vómito, diarrea, salpullido o malestar general.

Esto tampoco significa que toda enfermedad contraída por los infantes sea una emergencia médica, ya que es factible que los padres, en su afán de proteger, pueden alarmarse ante síntomas muy leves o incluso ser engañados por sus hijos, que en realidad no se sienten mal, pero que desean quedarse en casa.

Guía de padecimientos Como regla general, se estima que un niño con dolor importante de cualquier origen, fiebre (38º o más de temperatura), dificultad respiratoria, decaimiento marcado, diarrea, vómito o crisis debido a una enfermedad crónica (asma o diabetes, entre ellas), no debe asistir a la escuela; en cambio, cuando presenta dolor de garganta y tos moderadas, o leve secreción nasal sin aumento de temperatura, puede asistir a clases sin mayor dificultad. Un infante no debe permanecer en casa por "parecer enfermo", "presentar mal color", "tener ojeras" o "estar fatigado", sobre todo si no hay otros síntomas evidentes ni diagnóstico certero del pediatra.

A grandes rasgos, las infecciones ocasionadas por virus (virales) son la causa más común de ausentismo escolar en todo el mundo, debido a varios factores: se contagian con facilidad, están muy extendidas y, sobre todo, porque los pequeños todavía no cuentan con las defensas necesarias para hacerles frente. Por fortuna, la gran mayoría son relativamente fáciles de erradicar y sólo necesitan reposo y algunos medicamentos para disminuir los síntomas.

Otras enfermedades son de origen bacterial, y llegan a exigir el aislamiento del niño no sólo para lograr su alivio, sino también para evitar su propagación entre los chicos de su salón o compañeros de recreo. En estos casos el tratamiento puede incluir descanso y administración de antibióticos, ya que estos fármacos son útiles para eliminar este tipo de microorganismos.

Ahora sí, pasemos a enunciar los padecimientos más comunes que son causa de ausentismo escolar: Resfriado y gripe. Es una infección viral que afecta a nariz y garganta, la cual se caracteriza por estornudos, escalofríos, malestar general, dolor de cabeza y flujo nasal. El niño requiere descanso para recuperarse de este mal, y puede regresar a clases luego de 24 horas sin fiebre y con mejoría de los síntomas. El tiempo de aislamiento es entonces variable, de 2 a 4 días aproximadamente, pudiendo ser más prolongado en caso de no observar alivio. No administre ácido acetilsalicílico en menores de 14 años, ya que puede desencadenar un padecimiento conocido como síndrome de Reye, caracterizado por inflamación cerebral.

Anginas bacterianas (amigdalitis). La inflamación de las amígdalas o tejido que se encuentra al interior de la garganta para protegerla suele tener su origen en infección ocasionada por bacterias. La zona afectada luce cubierta por una capa blanca grisácea o amarillenta, y se manifiesta con ardor, irritación en la garganta, tos, dificultad para tragar, fiebre, excesiva salivación e incluso vómito. El pediatra suele efectuar el diagnóstico con ayuda de estudios (cultivo bucofaríngeo) y si no hay complicaciones, bastan dos días de reposo bajo prescripción de antibióticos.

Otitis media aguda. La inflamación del conducto auditivo suele acompañar a padecimientos como amigdalitis o infecciones en las vías respiratorias, y se manifiesta con dolor de cabeza, pérdida parcial de la audición y mareo. Si el niño presenta fiebre y dolor de oídos no debe ir a la escuela hasta las 24 horas posteriores a la desaparición de dichos síntomas, aproximadamente 48 horas después de haber iniciado el tratamiento con antibiótico o cuando el especialista lo juzgue conveniente.

Sarampión. Esta enfermedad tiene la peculiaridad de que puede contagiarse con extrema facilidad cuando aparece en un salón de clases donde hay chicos que no han completado su cuadro de vacunación. Inicialmente se manifiesta como un resfriado, pero la temperatura es muy alta y en breve aparecen granitos rojos (salpullido) en todo el cuerpo. Luego de revisión médica se suele recomendar descanso por cuatro días y fármacos para el control de los síntomas. Asimismo, se debe aislar al niño de sus hermanos para no propagar más la enfermedad.

Varicela. Se manifiesta con mucha comezón a causa de granitos en la piel que se transforman en vesículas con líquido, mismas que al secarse dan paso a costras. Es también muy contagiosa, por lo que se recomienda que el niño descanse en casa durante seis días o hasta que todas las lesiones se encuentren en período de costra seca.

Rubéola. No se considera una enfermedad grave, y se caracteriza por ocasionar fiebre, flujo nasal, dolor de cabeza y pequeñas ronchas que aparecen en todo el cuerpo. Sin embargo, el niño puede contagiar a sus compañeros o a mujeres embarazadas (algunas madres que dejan a sus pequeños o alguna maestra), lo que representa grave peligro, ya que este virus es responsable de abortos espontáneos y malformaciones en el feto. Por ello, el infante debe permanecer aislado durante siete días con medicamentos que aminoren las molestias.

Paperas o parotiditis. En los primeros días se presentan síntomas similares a los de la gripe, como malestar general, fiebre que no supera los 38º C., pérdida del apetito, dolor en oídos y cabeza e irritación de garganta. Posteriormente se presenta inflamación, endurecimiento y dolencia en las glándulas salivales y dificultad para masticar. El tratamiento consiste en brindar analgésicos, y se estima que el niño debe faltar a la escuela aproximadamente nueve días.

Hepatitis A. Es una infección viral que ataca al hígado y que se propaga por el consumo de agua y alimentos contaminados; no siempre ocasiona síntomas, pero puede manifestarse con cansancio, apariencia amarillenta de la piel, secreción de orina muy oscura y heces de color claro. Se dice que esta enfermedad se autolimita, es decir, el organismo es capaz de controlarla gracias a su sistema de defensas (inmunológico). El aislamiento mínimo, cuando no hay complicaciones, es siete días, pudiendo extenderse en caso de que el pediatra así lo indique.

Conjuntivitis. La infección de la conjuntiva o tejido traslúcido que protege al ojo se identifica mediante enrojecimiento del globo ocular y lagrimeo constante; puede ser ocasionada por virus, de modo que sólo exige reposo, pero también por bacterias (se distingue por generar secreción amarillenta, más notoria al levantarse por la mañana), y puede requerir antibióticos en forma de gotas oftálmicas. No se considera un padecimiento peligroso y no hay acuerdo unánime de que sea causa que justifique ausentismo; sin embargo, considerable número de pediatras aconsejan aislar al pequeño durante 1 o 2 días, sobre todo cuando sus ojos luzcan muy rojos y con legañas, ya que le resulta difícil enfocar lo que se anota en el pizarrón y porque puede contagiar a sus compañeritos.

Impétigo. Es una infección de la piel generada por una bacteria que puede aparecer en cualquier parte del cuerpo, sobre todo en rostro, brazos y piernas; se presenta con más frecuencia durante el verano debido a que la piel se lesiona por cortadas o picaduras de insectos, y se propaga con facilidad de persona a persona. Frecuentemente, el impétigo comienza con una úlcera cerca de la nariz o de la boca, luego se extiende en forma de salpullido con ampollas (vejigas) de color miel, llenas de agua o pus, que se revientan y forman costras. Requiere aislamiento de 24 horas luego de iniciado el tratamiento antibiótico prescrito por el pediatra.

Pediculosis. La infestación por piojos ocasiona daño directo al picar y succionar sangre, ya que las lesiones resultantes incrementan el riesgo de sufrir infecciones bacterianas. Este padecimiento puede contagiarse con facilidad, por lo que el niño debe reincorporarse a clases después de 24 horas de que el tratamiento haya eliminado a estos insectos y sus huevecillos (liendres).

Escabiosis (sarna). Es una enfermedad contagiosa de la piel ocasionada por el pequeño ácaro sarcoptes scabiei, que sólo es visible a través de una lupa; causa intensa comezón en la piel afectada y es altamente transmisible. Se estima que el niño puede regresar a clases 24 horas después de iniciado el tratamiento, siempre y cuando el pediatra lo autorice.

Diarrea. La evacuación frecuente de heces líquidas puede ser causada por gérmenes como amebas, bacterias y virus mediante el consumo de agua y alimentos contaminados y por contacto con utensilios empleados para comer y beber sin lavar correctamente. Debido a que se debe vigilar que el niño cumpla su tratamiento, que consiste sobre todo en la adecuada administración de medicamentos y líquidos para reponer el perdido a través de las evacuaciones, se recomienda que vuelva a clases 24 horas después de haber desaparecido los síntomas.

Vómito. Al igual que la diarrea, puede tener su origen en infección de bacterias y virus, pero también por inflamación del oído, ya que el centro del equilibrio se ve alterado y con ello se generan mareos y nauseas. El tratamiento dependerá del diagnóstico del pediatra, de modo que cuando éste radique en problemas estomacales se requerirá adecuada administración de líquidos (y antibióticos, de ser necesarios), y cuando se deba a problema en oídos se recomendarán analgésicos y tal vez antibióticos. En cualquier caso, lo mejor es que el niño vuelva a clases hasta 24 horas después de que no hayan síntomas.

Asma. Este padecimiento es causa de ausentismo cada vez más importante, y se manifiesta con inflamación y contracción excesiva de las estructuras internas de los pulmones (bronquios) como reacción alérgica a diversos estímulos (humo, polvo, pelo de animales, polen), hecho que a su vez genera crisis o ataques caracterizados por acumulación anormal de mucosidad que impide la circulación natural del aire y que se manifiesta con respiración que exige gran esfuerzo (disnea) y tos. El reposo dependerá del tipo de cuadro que se presente (leve, moderado, grave) y su consiguiente mejoría. Por ello, se desprende que en este caso el ausentismo será variable.

Diabetes. Víctimas principalmente de la tipo 1, antes llamada juvenil, los niños con este padecimiento presentan altos niveles de azúcar en sangre debido a la escasa o nula producción de insulina. La falta de experiencia del niño en su autocontrol puede ocasionar dramático descenso en sus niveles de glucosa en sangre (hipoglucemia), debido a exceso de insulina, sobreesfuerzo físico o falta de alimentación adecuada. Exige reposo hasta que los valores de glucemia se estabilicen.

Así, hay que destacar que lo ideal es que al concluir su tratamiento se reintegre lo más pronto posible a sus actividades habituales, ya que esto ayuda a su restablecimiento total. Los padres deben evitar los casos innecesarios de ausentismo escolar, recordando en todo momento que la educación es fundamental para lograr la independencia intelectual y social del pequeño.

Finalmente, una consideración valiosa radica en que los padres den aviso a los profesores toda vez que se determine que el niño no podrá asistir a la escuela, e incluso informar periódicamente sobre la evolución del tratamiento o si éste debe prolongarse. La importancia de esta medida redunda no sólo en beneficio del pequeño enfermo, sino también en el del grupo, sobre todo en el caso de padecimientos contagiosos.

Fobia escolar Mención aparte merece este problema de conducta en donde el niño busca permanecer en casa debido a que experimenta angustia por separarse de su familia, concretamente de la madre, y encubre su ansiedad a través de todo tipo de achaques o síntomas físicos vagos, tales como dolor de estómago o de cabeza, náuseas, fatiga o mareo.

Tales manifestaciones imitan enfermedades reales que el pequeño o sus hermanitos han padecido con anterioridad; empero, raramente hay fiebre, vómito o diarrea, ya que son síntomas difíciles de imitar. Se presenta principalmente en la mañana y empeoran cuando es hora de irse a la escuela. Por lo demás, el chico parece estar sano y vigoroso.

Los padres pueden descubrir la presencia de fobia escolar cuando el niño denota temor de salir del hogar en toda ocasión, y no sólo cuando tiene que ir a clases; por ejemplo, puede extrañar mucho a su familia cuando se queda en casa de tíos, abuelos o un amigo. Asimismo, cabe destacar que, excepto por la mala asistencia, estos infantes son buenos estudiantes y tienen buena conducta en la escuela. Ello se debe a que el origen de esta forma de conducta radica en que los padres son exageradamente protectores y cariñosos, por lo que su hijo encuentra difícil separarse de ellos (ansiedad de separación). Dicho de otra forma, el pequeño no tiene la confianza en sí mismo que resulta de manejar las tensiones normales de la vida sin ayuda de sus progenitores.

La mejor terapia ante fobia escolar consiste en ir diariamente a la escuela, ya que el niño sólo puede superar el temor enfrentándolo cuanto antes; asimismo, es muy útil que los padres sean optimistas con su hijo y le aseguren que se sentirá mejor una vez que conviva con sus compañeros de clase.

Si se hace cumplir la regla de la asistencia diaria a la escuela el problema mejorará en forma notable en 1 o 2 semanas, de modo que los síntomas desaparecerán como por arte de magia. En cambio, cuando no se le exige asistencia diaria al infante, su deseo de quedarse en casa se volverá más frecuente. En cuanto más tiempo pase el pequeño en el hogar, más difícil le resultará volver a clases, y con ello se podrían poner en juego su vida social y educación futura.

Ahora bien, cabe señalar que hay casos en que el niño se muestra socialmente desenvuelto y no tiene dificultad alguna para separarse de sus padres, pero cuando inicia el trayecto a la escuela comienza a presentar molestias. En estos casos, los síntomas fingidos se deben a que el infante trata de evadir las exigencias del mismo colegio (algún maestro autoritario, por ejemplo), amenazas de algún compañero violento e incluso la arquitectura misma del edificio, que puede desencadenar miedo incontrolable a espacios abiertos (agorafobia) o cerrados (claustrofobia).

Los padres deben estar muy atentos y ser comprensivos en estas circunstancias y hablar con el niño para que éste les explique si hay algo que le incomoda dentro del colegio. Una vez que descubran el origen de los disgustos, pueden recurrir a maestros y directivos de la escuela en busca de una solución viable que mejore el aprovechamiento de la enseñanza.

En caso de que el temor del niño no desaparezca y de que las soluciones emprendidas no ofrezcan resultados, se recomienda que el menor acuda a un especialista (psicólogo infantil o paidopsiquiatra) y se emprendan medidas y técnicas más precisas. Es muy importante que el problema del pequeño no sea ignorado y que reciba adecuada atención a la brevedad posible.

¡Aprendiendo a vivir en familia!

Fuente: YupiMSN

Los padres encaramos la delicada tarea de criar a los niños hasta que son capaces de valerse por si mismos, y lo hacemos mientras nosotros mismos vamos creciendo como personas. Podemos enseñar a los hijos todo lo que sabemos, pero sin olvidar todo lo que también aprendemos de ellos y con ellos. Crear una familia, sea esta de las características que sea, supone que de la mano de la experiencia compartida, padres e hijos vayamos aprendiendo a vivir.

En este sentido, muchos psicólogos y educadores parecen acordar que el núcleo familiar es un espacio especialmente adecuado para que florezcan tres aspectos esenciales en el correcto desarrollo de la personalidad humana: el amor, la capacidad de disciplina y la autonomía.

El amor que todos necesitamos, y especialmente los niños, es aquel que puede expresarse así: Te quiero, no por lo que haces o dejas de hacer, sino simplemente por ser tú quien eres.

Este tipo de afecto:

» Infunde confianza en quien lo recibe

» Le ayuda a construir una imagen de su propio valor.

» Le induce a actuar sin temor a las consecuencias del fracaso.
Para encontrar la manera de transmitirlo habremos de tener en cuenta:

» Condenar el pecado pero no al pecador.

» Alabar al niño por si mismo y no por sus actos.

» Hacerle manifestaciones del amor que por él sentimos.
La disciplina supone una acción dirigida a un fin determinado. Los niños necesitan conocer la realidad y ajustarse a ella para aprender a utilizar las herramientas que tienen a su alcance y poder actuar con eficacia.

Llegar a ser personas autónomas, disciplinadas, responsables, afectuosas y creativas supone haber tenido que empezar por reconocer y delimitar nuestra realidad. Sea para comprenderlos, trascenderlos, o simplemente explorarlos, todos los territorios de la vida han de ser definidos por unos límites, fronteras en las que se albergan derechos y deberes.

Necesitaremos para recorrer estos espacios, hacer acopio de sentido común que nos permita afrontar con inteligencia los riesgos y tolerancia para mantenernos sensibles y abiertos a lo desconocido.

Y mientras vivimos poniendo en práctica estas estrategias, se las vamos enseñando también a nuestros niños que a su vez nos están recordando, en la sencillez de su infancia, lecciones de comunión con el mundo, de confianza en la vida.

El camino hacia la independencia y la autonomía, es una suerte de equilibrio en el que los padres pueden permitir a los niños, ciertos errores de juicio, pero no que se hagan daño.

Toda una andadura que desemboca en fortaleza de ánimo. No podemos evitarles las frustraciones pero si podemos estar a su lado para enseñarles a aprender la lección de cada reto, el crecimiento que cada fracaso puede proporcionarles si saben leer la verdadera enseñanza que contiene.

La autonomía llegará por si misma cuando aprendan por propia experiencia que el verdadero éxito llega cuando el ser humano es capaz de vencerse a si mismo.

Viendo crecer a los hijos en familia, los adultos recuerdan su propia responsabilidad como seres humanos, pertenecientes a la gran familia humana y comprometidos en la empresa de ser cada vez mejores personas. ¡Padres e hijos, aprendiendo a vivir!


LOS PADRES MAS MALOS DEL MUNDO


>Nosotros tuvimos los padres más malos del mundo. Mientras otros chicos comían lo que querían,
>nosotros teníamos que desayunar leche y pan fresco o tostado, con manteca y dulce. Cuando otros niños tomaban
>muchos refrescos y comían sin cesar dulces, tortas y muchas golosinas; nosotros teníamos que comer carne, pollo,
>pescado, pastas, arroz, verduras, frutas y tomar agua fresca.
>Cuando fuimos creciendo se hicieron más malos. Nuestros padres
>insistían en saber adónde estábamos, parecíamos encarcelados.
>Tenían que saber quienes eran nuestros amigos o con quién andábamos y lo que
>estábamos haciendo. Insistían mucho en que si decíamos que íbamos a
>tardar una hora en algo o en algún lugar, debíamos tardar solamente
>una hora. Y encima nos impulsaban a saludar a todos los familiares y conocidos.
>
>Pero siguieron siendo cada vez más malos. Nos da vergüenza admitirlo,
>pero hasta tuvieron el descaro de obligarnos a lavar los dientes y
>a bañarnos todos los días, a tender nuestras camas, a barrer y
>limpiar nuestra habitación y hasta lavar nuestra ropa interior.
>
>Como si eso no fuera poco, nos mandaban a hacer los mandados y
>también aprendimos cosas muy crueles como cocinar. Hasta me parece que se
>quedaban despiertos toda la noche y pensaban qué podían hacernos
>hacer al día siguiente, seguramente para molestarnos.
>Cuando llegamos a la adolescencia nuestras vidas se hicieron más
>terribles. Siempre insistían en que dijéramos la verdad y que le
>tuviéramos confianza. Nos molestaba mucho cuando querían que
>nuestros amigos tengan que llamar a la puerta de nuestra casa y preguntar
>por nosotros. Les molestaba que nos llamen sólo con la bocina del
>auto.
>
>Eran unos metidos totales: siempre querían saber el nombre de
>cada amigo, a qué escuela iba, qué estudiaba, quiénes eran sus padres,
>a qué se dedicaban y dónde vivían. Y así muchas cosas más. Por eso digo
>que nuestros padres fueron un fracaso completo.
>
> Hoy ha pasado el tiempo y a pesar de todo lo sufrido ninguno de
>nosotros ha sido arrestado por vagancia, borracho o por tener
>problemas con drogas. No hemos participado en actos de violencia y todos
>trabajamos para lograr un mañana mejor y sabemos que sólo nuestro
>esfuerzo será lo que nos permita superarnos.
>
>A nadie podemos culpar de nuestro futuro -cualquiera que sea- y
>sólo nuestros padres hicieron que nos convirtiéramos en adultos
>educados, respetuoso, honestos y trabajadores.
>
>Ahora que somos padres, estamos educando a nuestros hijos con las
>mismas enseñanzas y de la misma manera que nuestros padres nos
>educaron.
>Y -entre nosotros- sentimos una pícara satisfacción cuando
>nuestros hijos nos dicen que somos malos, muy malos padres.
>
>Verán, les digo que con el tiempo ustedes también darán gracias a
>Dios por haber tenido -como nosotros- los padres más malos del mundo.


Hubo una vez dos mejores amigos

Hubo una vez dos mejores amigos. Ellos eran inseparables, eran una sola alma. Por alguna razón sus caminos tomaron dos rumbos distintos y se separaron.
Yo nunca volví a saber de mi amigo hasta el día de ayer, después de 10 años, que caminando por la calle me encontré a su madre. La saludé y le pregunté por mi amigo. En ese momento sus ojos se llenaron de lágrimas y me miró a los ojos diciendo: murió ayer.... No supe qué decir, ella me seguía mirando y pregunté cómo había muerto.

Ella me invitó a su casa, al llegar allí me ofreció sentarme en la sala vieja donde pasé gran parte de mi vida, siempre jugábamos ahí mi amigo y yo. Me senté y ella comenzó a contarme la triste historia. Hace 2 años le diagnosticaron una rara enfermedad, y su cura era recibir cada mes una transfusión de sangre durante 3 meses, pero ¿recuerdas que su sangre era muy rara?, sí, lo sé, igual que la tuya....
Estuvimos buscando donadores y al fin encontramos a un señor vagabundo.


Tu amigo, como te acordarás, era muy testarudo, no quiso recibir la sangre del vagabundo. Él decía que de la única persona que recibiría sangre sería de ti, pero no quiso que te buscáramos, él decía todas las noches: no lo busquen, estoy seguro que mañana si vendrá.... Así pasaron los meses, y todas las noches se sentaba en esa misma silla donde estás tú sentado y rezaba para que te acordaras de él y vinieras a la mañana siguiente. Así acabó su vida y en la última noche de su vida, estaba muy mal, y sonriendo me dijo: madre mía, yo sé que pronto mi amigo vendrá, pregúntale por qué tardó tanto y dale esa nota que está en mi cajón.

La señora se levantó, regresó y me entregó la nota que decía:
Amigo mío, sabía que vendrías, tardaste un poco pero no importa, loimportante es que viniste. Ahora te estoy esperando en otro sitio espero que tardes en llegar, pero mientras tanto quiero decirte que todas las noches rezaré por ti y desde el cielo te estaré cuidando mi querido mejor amigo. ¡Ah, por cierto, ¿te acuerdas por qué nos distanciamos? sí, fue porque no te quise prestar mi pelota nueva, jaja, qué tiempos.... éramos insoportables, bueno pues quiero decirte que te la regalo y espero que te guste mucho. Te quiere mucho: tu amigo por siempre.


"No dejes que tu orgullo pueda más que tú corazón...
La amistad es como el mar, se ve el principio pero no el final"


Las malas palabras

(Sobre el tema recomiendo leer "Las malas palabras" del psicoanalista argentino Ariel C.Arango,libro interesantísimo.)(Leer también este pequeño trabajo)(Yeste otro)

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